Idioma:

  • Español
  • English

Contador

  • 624914Total visitors:

El G20 y los impuestos: la hipocresía sobre los paraísos

26 de marzo de 2009 | BERLIN
Tomado de la versión impresa de The Economist

Las economías grandes están presionando a los paraísos fiscales offshore. Pero mayores abusos se podrían estar dando en casa

LOS lavadores de dinero están motivados por avaricia, a diferencia de Jason Sharman, politólogo de la Universidad de Griffith, en Australia.  Sin embargo con un presupuesto de $10,000 y poco más que Google (así como los avisos en la parte de atrás de este diario), demostró lo fácil que es eludir las prohibiciones sobre el secreto bancario, formando compañías de papel y cuentas secretas bancarias alrededor del mundo.  En el transcurso, ha descubierto una verdad incómoda para muchos de los líderes del Grupo de 20 naciones que se reunirán el 2 de abril para discutir, entre otras, sanciones en contra de los paraísos fiscales offshore. Los ejemplos más atroces del secreto bancario, lavado de dineros y defraudación fiscal no se hallan en remotas aldeas sobre los Alpes o en soleadas islas tropicales, sino en los patios traseros de las economías más grandes del mundo.

En la palestra no se encuentra el secreto bancario como una vez lo conocieron los suizos, cuando hombres discretos en lujosas oficinas prometían llevarse los nombres de sus clientes a la tumba.  Esta es una forma de secreto más engañosa, en la cual las autoridades y los banqueros no se molestan en preguntar nombres, algo que fue declarado ilegal desde hace tiempo en centros offshore como Jersey y Suiza, pero que persiste aún en los Estados Unidos. Para los clientes sospechosos, esto representa una propuesta mucho mejor: lo que sus banqueros no saben, nadie puede obligarles a revelar. Y su metodología es cautivadoramente simple: en lugar de abrir cuentas bancarias bajo sus propios nombres, los defraudadores y lavadores de dinero forman compañías anónimas, con las cuales proceden a abrir sus cuentas bancarias y mover activos.

En ningún lugar es esta práctica más común que en los Estados Unidos de América. Como ejemplo, veamos el caso de Nevada.  Su portal oficial de Internet hace alarde de sus “limitados requisitos de reportar y divulgar” y de un veloz servicio de incorporación de una hora.  Nevada no pide los nombres de los accionistas de las compañías, ni comparte rutinariamente la poca información que tiene con el Gobierno Federal.

Existe la demanda para esta filosofía de no hacer preguntas.  El estado, con una población de apenas 2.6 millones, incorpora aproximadamente 80,000 compañías nuevas al año ahora tiene más de 400,000, casi una por cada seis habitantes. Un estudio por el Servicio Interno de Ingresos (Internal Revenue Service, o IRS), reveló que 50-90% de las personas inscribiendo compañías ya se encontraban en violación de leyes fiscales federales en otros lugares.

Una evaluación de la amenaza por lavado de dinero llevada a cabo por el Gobierno Federal en 2005 descubrió que el anonimato corporativo ofrecido por Delaware, Nevada y Wyoming hace rivalidad al ofrecido por los centros financieros offshore conocidos. Para los extranjeros, los Estados Unidos es un lugar atractivo para guardar efectivo, porque no se grava los intereses que el mismo devenga.  Por consiguiente, teniendo tanto el anonimato como la no imposición, los Estados Unidos ofrece todos los elementos de un paraíso fiscal.

El cambio puede estar llegando a Estados Unidos, pero lentamente. En marzo, el Senador Carl Levin propuso una ley obligando a los estados a identificar los tenedores beneficiarios de las compañías. “Por demasiado tiempo, los criminales han usado las compañías norteamericanas para ocultar actividades ilícitas, incluyendo lavado de dinero y defraudación fiscal,” dijo el Sr. Levin. “No tiene sentido que se requiera menos información para formar una compañía norteamericana que para obtener una licencia de conducir.”

Sin embargo un proyecto de ley similar presentado el año pasado murió calladamente en un comité.

Estados Unidos no es la única nación rica sometida a la prueba del Sr. Sharman. Él intentó abrir compañías shell anónimas y cuentas bancarias 45 veces a través del mundo.  Fue exitoso en 17 ocasiones, de las cuales 13 fueron en países miembros de la OCDE. Un ejemplo fue el Reino Unido, donde en 45 minutes, vía Internet, formó una compañía sin suministrar identificación, se le emitieron acciones al portador (las cuales han sido declaradas ilegales casi de manera universal por ofrecer titularidad completamente anónima) así como Directores nominativos y un secretario. Todo esto fue logrado a un costo de £515.95 (US$753).

En otros casos, el Sr. Sharman formó compañías suministrando nada más que una copia escaneada de su licencia de conducir.  Por el contrario, al tratar de abrir cuentas en Bermuda y Suiza, le pidieron documentación tal y como copias notarizadas de su certificado de nacimiento. “En la práctica, los países de la OCDE tienen regulaciones mucho más relajadas sobre compañías shell que los paraísos fiscales clásicos,” concluye el Sr. Sharman. “Y los Estados Unidos son los peores en este rubro, peores que Liechtenstein y Somalia.”

Deja un comentario