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Mantengamos una actitud digna y consecuente con los intereses nacionales

Adolfo E. Linares Franco

Las declaraciones vertidas por el canciller Varela durante su encuentro con la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, de que “… Panamá está listo y dispuesto a cumplir con cualquier tema pendiente lo antes posible”, para completar el proceso de ratificación del TPC son, por decir lo menos, desatinadas y vergonzosas.

Desatinadas, porque éstas dan a entender que para el canciller el proceso de negociación está todavía abierto –solo para EU, porque Panamá ya ratificó el tratado y, por lo tanto, no puede pedir nada más– y vergonzosas, puesto que reflejan una actitud entreguista y en extremo dócil hacia el Gobierno norteamericano que ha tratado muy mal a Panamá con el tema de la ratificación del TPC.

El canciller Varela debiera aprender del presidente Santos de Colombia, cuyo TLC tiene también varios años de languidecer en el escritorio de Obama, ya que este dijo tajantemente –ante la sugerencia de EU de que previo a su ratificación Colombia tenía que cambiar una serie de leyes– que: “El TLC está firmado y aprobado por nuestro Congreso. Está cerrado con candado. No hay posibilidades de negociar”. Esta es la posición que debe tomar nuestro gobierno nacional y no dar a entender que estamos dispuestos a dar lo que sea, con tal de que se nos apruebe.

El hecho de que el canciller Varela haya aceptado un encuentro entre delegaciones de Panamá y Estados Unidos para “… acordar los detalles finales del TPC” es un error garrafal que además demuestra una actitud sumisa y entreguista de parte del canciller. Haciendo esto da a entender que Panamá acepta que el proceso de negociación está todavía abierto, a diferencia del mensaje alto y claro que dio el presidente colombiano.

Panamá no debe aceptar reunirse para discutir nada so pretexto de culminar detalles finales para que EU ratifique el TPC. No hay nada que discutir. Lo que tiene que hacer EU es enviar el TPC al Congreso y punto. El período para discutir detalles o pedir cosas ya pasó. El canciller Varela debió plantearle tanto a Hillary Clinton como a Ron Kirk que Panamá ya cumplió con todo lo que tenía que hacer para ratificar el TPC, que las negociaciones ya se terminaron y que lo que queda es que EU cumpla con su parte sin poner trabas adicionales y mucho menos exigir nuevas prebendas de manera extemporánea.

El canciller no debe permitir que se nos humille de esa manera y mucho menos aceptar cándidamente que se utilice la ratificación del TPC como un documento de “extorsión” para que EU nos pida cuanta cosa se le venga en gana, que es lo que van a hacer en la encerrona en que el canciller ha aceptado participar. La poca precisión que denuncian los congresistas republicanos en lo que se le está pidiendo a Panamá es una prueba de que nos están agarrando de tontos y nos pedirán cuanta cosa se les ocurra o venga en gana. Ya el canciller Varela acepto y corrió a firmar un tratado de información fiscal (TIA), que para nada beneficia al país y me atrevería a decir que después del Hay–Bunau-Varilla es el acuerdo más lesivo a los intereses patrios que se haya firmado, con el agravante de que este sí fue firmado por un panameño –Varela– y el otro lo firmó un francés –Bunau-Varilla– con credenciales espurias.

Nuestro canciller debe tener en cuenta que en el derecho internacional hay un principio que es el de la igualdad jurídica de los Estados, que significa que todos los Estados son iguales ante las leyes internacionales, y otro principio de reciprocidad que nos permite hacer lo mismo que otros países hacen con nosotros. Pero para que estos principios prevalezcan, es necesario que los países pequeños o débiles como el nuestro actúen con dignidad y nos demos a respetar, de lo contrario nadie nos respetará.

Ante este nuevo desaire del gobierno de Obama, la Asamblea Nacional debe rechazar de inmediato el TIA y decirle a EU que no negociará ningún nuevo acuerdo de este tipo ni aceptará ninguna revisión adicional a nuestra legislación, si antes no se ratifica el TPC con nosotros.

Por otro lado, el Gobierno debe seguir con la estrategia que correcta e inteligentemente diseñó el ministro de Economía y Finanzas, Alberto Vallarino, de firmar acuerdos para evitar la doble imposición tributaria. Ese es el camino correcto. Ese es el camino digno que merece nuestro país.

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