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Panamá ante el Mundo

Aristides Royo

Diciembre 2009

El tema que había escogido para esta reunión eran los Derechos Humanos, en los que puedan ser invocados por el Grupo Morgan y Morgan ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. No obstante, la circunstancia de que los panameños estemos celebrando el mes de la patria, me ha hecho reconsiderar tal exposición  y por ello deseo hacer algunas reflexiones  sobre el papel de Panamá ante el mundo debido a su historia vinculada con su posición geográfica y el quehacer de sus habitantes.

Desde el descubrimiento del mar del Sur para los europeos en el año de 1513, las poblaciones fundadas por los españoles en el istmo adquirieron un sesgo dirigido hacia la conquista y colonización de nuevos territorios en el sur del continente. La fundación de la ciudad de Panamá en 1519 permitió que desde esa primera villa fundada en las orillas del Océano Pacífico, se embarcasen quienes luego desarrollaron sus actividades en lo que hoy son las Repúblicas de Ecuador y Perú. El oro y la plata que fueron llegando de esos ricos e inmensos territorios, incluyendo el Alto Perú, hoy Bolivia, pasaban por Panamá rumbo a España utilizando el camino terrestre y fluvial hacia las poblaciones de Chagres y esencialmente Portobelo, en la que se hacían las famosas ferias de venta e intercambio de productos. Quedó así consagrado el istmo de Panamà como un lugar de tránsito y comenzó también a fomentarse su vocación por el comercio que si bien no podemos denominar internacional, sí era Inter territorial.

Fuimos a partir de 1739 parte del Virreinato de la Nueva Granada, en lo que hoy es Colombia pero en la etapa final de esa importante colonia, entre 1811 y 1821, Panamá dejó de formar parte de ese virreinato debido a la presencia del Virrey Sámano que nos hizo dependientes directos de la monarquía española, todavía afectada por la ocupación de Bonaparte en la península ibérica. Cuando se produjo la salida del Virrey, los panameños, por consideración propia, decidieron declarar la independencia de España. Lo hicieron en Cabildo Abierto, tal como era la costumbre de dar reconocimiento al valor de los Municipios. En el mismo acto de ese memorable 28 de noviembre de 1821, los panameños señalaron que el istmo pertenecería desde ese momento a la Nueva Granada. El elemento más importante de esa acta de independencia y de unión al país vecino, es a mi juicio lo que constituye el germen, el origen de lo que Panamá representa hoy ante el mundo. En el artículo 9º del documento, se dice que “El istmo, por medio de sus representantes, formará los REGLAMENTOS ECONÓMICOS convenientes para su gobierno interior. Varios argumentos subyacen en esa declaración tan importante. Primero, que los panameños se unieron pero sin sumisión a Colombia pues pusieron una condición que consideraban sine qua non, como fue la del respeto a su particular economía, diferente a la del Estado al que se integraban. En segundo lugar, estaban aludiendo en dicha Acta, a que se nos respetara nuestro gobierno interior, es decir, los panameños abogaban por el federalismo, por la autonomía económica, entiéndase la mercantil, pues de sobra conocían que el centralismo del altiplano respecto al comercio, tenía normas reguladoras totalmente diversas a las istmeñas y que en lugar de favorecer la riqueza de Panamá, la entorpecería. El concepto diferenciador expresado en el acta independentista y también integracionista, fue reiterado apenas diez años después, cuando en 1831 Panamá se separó de la Nueva Granada para unirse a la Confederación Colombiana, formada por Ecuador y Venezuela, en un intento que pronto fracasó, de unir los territorios liberados por Bolívar. En ese pronunciamiento se hizo una clara referencia a las inmunidades comerciales y a la administración propia por parte de los panameños.

Muchas veces me he preguntado, tal como ustedes también seguramente lo habrán hecho, la razón por la que los panameños nos incorporamos a otro país. Durante bastantes años, creí que había sido por el sueño bolivariano de la unidad entre los Estados recientemente liberados del yugo colonial. Hoy soy de los que cree que en realidad los notables istmeños que concibieron la idea de unirnos a Colombia, lo hicieron porque estaban convencidos de que en caso contrario, si hubiesen querido volar con sus propias alas, Colombia le habría hecho la guerra a Panamá con plena seguridad de vencer pues nosotros carecíamos de ejército y ni siquiera teníamos milicias revolucionarias, ya que en el istmo no se libraron guerras de independencia. Colombia ya había invocado el uti possidetis, es decir, que los Estados se configurarían conforme a la división territorial de los españoles y los colombianos consideraban a Panamà como parte de su virreinato, salvo el corto período en que no lo fue y que ya he citado. Se trató de una medida pragmática en la que los istmeños procuraron salvar al menos nuestra excepcional economía, los usos y tradiciones comerciales propios de lo que era el sitio de tránsito que era el istmo.

La situación del istmo con su particular posición geográfica, hizo que Bolívar la ofreciese a los ingleses para que aprovechasen las ventajas que ofrecía para el mundo. A cambio, esperaba apoyo en armas y pertrechos que le permitiesen coronar con éxito sus luchas independentistas. Ya unidos a Colombia, algunos empresarios y comerciantes de Panamá hicieron intentos  en 1830 para que nos anexáramos a Inglaterra pero el coronel José Domingo Espinar lo evitó. Los historiadores Celestino Araúz, Argelia Tello Burgos y  Alfredo Figueroa Navarro, sostienen en su Manual de Historia de Panamá, Tomo I, que “uno de los más caros anhelos de los comerciantes istmeños era que Panamá se convirtiera en un “país hanseático”, bajo la protección de potencias marítimas como Inglaterra y Francia, las cuales construirían una ruta  interoceànica y convertirían al Istmo en un emporio mercantil abierto a los barcos de todas las naciones del orbe.”

En 1840 Tomás Herrera organiza el Estado del Istmo y señala que en ningún caso se incorporará a la República de Nueva Granada bajo el sistema central. Fue el preludio del Estado Federal de Panamá por el que tanto luchó Justo Arosemena, quien invocó en magistral escrito la peculiar economía de Panamá. Colombia aceptó la creación del Estado Federal que luego de treinta años fue abolido por el Presidente Rafael Nùñez, contribuyendo con esta injusta decisión, al anhelo secesionista de los panameños.  Colombia se había reservado desde muchos años atrás, los beneficios provenientes del ferrocarril de 1855 y de una futura vía interoceánica. Como es sabido, ante el rechazo del Tratado Herrán-Hay para que Estados Unidos construyese un canal en Panamá, un grupo de patriotas panameños organizaron el movimiento independentista definitivo. Recomiendo la lectura del libro de Juan David Morgan, titulado Con Ardientes Fulgores de Gloria.  Si algo tenían claro los fundadores de la República, era la utilidad y el consiguiente aprovechamiento de nuestra posición geográfica así como nuestra apertura al comercio mundial. No por azar se escogió el lema “Pro Mundi Beneficio” en el escudo nacional.

Desde las primeras décadas de la era republicana, los panameños fueron conscientes de la conveniencia de desarrollar los servicios internacionales. Se aprobaron leyes sobre las sociedades anónimas, así como las relativas a la marina mercante, hoy la primera del mundo. Ustedes conocen y manejan todo el complejo entramado de normas jurìdicas que hacen de Panamá un país apto para la profundización y el desarrollo de la economía terciaria o de servicios y por ello no haré menciones específicas de las mismas. Quiero limitarme a expresar que con el mismo orgullo con que nos referimos a la administración del canal, que hoy opera con éxito y en unos años será ampliado, con la misma satisfacción con que vivimos en un territorio plenamente soberano, sin bases militares extranjeras, con esa misma voluntad y entusiasmo debemos defender con razonamientos válidos, los servicios que el país brinda al mundo y que desarrolla nuestro grupo. La primera afirmación rotunda que debemos hacer, es la de negar que somos paraíso fiscal y la segunda que el sistema de servicios son para facilitar los negocios internacionales y no para amparar delito alguno. El mejor expositor de lo que es Panamá en esta materia es nuestro Presidente Eduardo Morgan. A él lo hemos visto con valentía y coraje, pero también con elegancia y conocimientos, asumir la defensa del país ante las versiones distorsionadas que emite la OCDE. A veces he llegado a pensar que muchos colegas de otras firmas han preferido quedarse callados, como si les diese vergüenza defender aquello de donde también devengan ingresos, como si  deseasen mantener oculta esa fuente porque el agua no es pura ni cristalina. Espero que nosotros seamos consecuentes de que la economía de servicios al mundo nos viene de nuestra historia, de nuestra posición geográfica, de las relaciones de intercambio que se dieron durante siglos en esta angosta cintura en la que vivimos. Finalmente, ojalá que los miembros de este grupo Morgan y Morgan no solamente acompañemos con mayor entusiasmo los esfuerzos que realiza Eduardo sino que hagamos una campaña para promover esa solidaridad entre todos los abogados que también se activan en estas actividades que al fin y al cabo reportan grandes beneficios al fisco y dan empleo a muchos panameños.  

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